lunes, 22 de febrero de 2016

La soledad de una caricia perdida




            Llegas a saber lo que es la soledad, cuando lanzas una pregunta al viento y nadie la responde, cuando tus suspiros se pierden en el horizonte sin ser recogidos por ningún abrazo o, cuando tus besos mueren marchitos con sólo salir de tus labios. 


            Es perversa la soledad cuando se amarra a tu alma como un Ulises perdido entre sirenas que, desea pese a todo escuchar su canto aún sabiendo que es su perdición.
            El corazón está preparado para romperse y recomponerse pero el alma, el suspiro de una vida inmortal, no debe traspasarla ni la más corta de las noches heladas o la caricia perdida del que antes de besarte ya parte con sus promesas a ninguna parte, buscando el calor de otro cuerpo. Como un lobo en una noche de luna llena, aparta del camino todos los recuerdos que le atan a la vida, vigilando su aliento de amante ávido que sueña con el final cuando aún te tiene delante.
            La soledad es un mantra de silencio que envuelve tu cuerpo ahogando tus emociones hasta convertirlas en cenizas. Su manto se desliza como la bruma ahogando tus abrazos cuando deseas recibirlos y, tus besos cuando te estremeces por brindarlos.
            La soledad, es el peor disfraz para el que desea vivir el carnaval de la vida junto a otra persona que complete sus anhelos bajo el mirar nacarado de un azar tornadizo, a veces brutal y, muchas veces, sin ningún sentido.
            La soledad, es como la onda de un estanque que nunca llegará a conocer orilla alguna. 


         

viernes, 5 de febrero de 2016

Amanecen mis sueños



            Despertaba y nunca conseguía recordar por qué su piel vibraba, por qué su pecho se agitaba frenético y sus manos se aferraban a la bruma. Sacudía su cabeza intentando comprender si un sueño puede ser vida, mostrándose en fotogramas oníricos donde el color cambiaba su rostro, acumulándose el sonido en su mente, golpeando como el martillo en una fragua en estallidos que le hacían convulsionarse de deseo. 


         Recorría el callejón todos los días buscando ansioso su aroma. Buscaba como un lobo hambriento en cada esquina, en cada paso, un retal de vida que pudiera devolverle al fuego donde se consumía. Sus manos recorrían sordas las curvas de su cuerpo, grabando a fuego cada uno de sus poros como en un lienzo de pasiones, dibujando cada atardecer lo que ya comenzaba a borrarse.
             Era la sucesión de su emoción la que cerraba el círculo de sus manos cuando anhelante, con el suspiro del que sabe que los instantes se consumen como las teas en una hoguera, arqueaba su espalda vibrando con el rasgar de sus suspiros.
         La encontraba siempre cuando el tiempo decidía ser suyo, cuando las musas danzan sonrientes presas del frenesí del vibrato de sus labios, recorriendo su cuerpo soñado por un Luthier, dejando entreabierto el camino al purgatorio del que conoce lo que atan los cabos del recuerdo al gritar a la noche en silencio, “te deseo”.
            Caían una y otra vez en desesperadas volutas, giraba alrededor de su cuerpo ardiendo en una tarde que se apagaba deslumbrando a las estrellas. No eran diez dedos o dos manos, eran suspiros, vientos del sur que ardientes recorrían sus dunas o las olas de sus cabellos. El chelo de su cuerpo, marcaba el ritmo de un alma que cabalgaba desbocada al destino del que sufre cuando un sueño acaba al despertar, cerrando con rabia feroz los ojos para que no se marche, para que no abandone un cuerpo que aún se debate con el corazón turbado por las centellas de unas brasas que abrasan tu alma.
           Ella volvía a ser sueño mientras él se convertía en alba, aromas, tacto, recuerdos, pasiones…..
               Su caminar lento, su espalda arañada por el cansancio de la vehemencia desatada de un huracán que arrancaba cada tarde sus ventanas, no borraba nunca sus huellas de deseo. Volvía a entrar en el laberinto de las calles donde la amalgama de sensaciones le dejaba sin aire. Donde morir o vivir no tenían importancia, donde los sonidos eran de caricias, donde las esquinas que nunca se borran eran la de sus labios y donde las curvas de su cuerpo restañaban cada cuerda de su mente que hacían de su anhelo un suspiro eterno.
              Él era sueño, y fuego, y aliento entrecortado de labios que viven de pensar en un nuevo encuentro….en aquella esquina….en cualquier momento….

                Gracias por compartir sensaciones y emociones. Comparte.
 

jueves, 4 de febrero de 2016

Con la levedad de un huracán

     Es la brisa que eriza la piel, el aliento de unos labios que aletean por cada pliegue de tu cuello como un huracán contenido entre dos manos.
      Es el sonido de un sonoro cajón flamenco que palpita en tu pecho pleno de pasión escondido entre candelas.  Es la caricia que cierra tus ojos para perderse entre las curvas ardientes de tus brazos.


Agradable locura que atiza las brasas incandescentes de la emoción esperando un suspiro.  #ismaeldoradopsicologo

lunes, 1 de febrero de 2016

Si tiemblo, que no sea de miedo....



            - ¡Necesito tiempo para pensar!, fue lo último que escuchó antes del portazo y del dolor punzante en su costado que marcaba el inicio de un silencio, de una tempestad muda que aventuraba soledad profunda y el aliento de su propia muerte.
            Siempre temió el momento de la partida, de hecho pensó tantas veces en qué decir que ahora estaba muda ante el mundo en un temblor gélido del que sabe que el mundo se paró al decir adiós.
            Nunca fue un mal hombre y siempre la amó….¡aunque su dichoso carácter!…..


            ¡Yo te amo y no voy a dejarte nunca, pero antes te mato!, exclamó en el instante estallarle aquella primera bofetada en la cara que la lanzó contra el infierno lejano del frío suelo.
            ¡No es malo señores agentes!, ¡me ama como nadie me amó en la vida!, ¡soy yo que le pongo nervioso!. La cara de tristeza de los agentes de policía era inmensa ante la irracionalidad de un amor bastardo,  donde hasta los besos tienen miedo y temor.
            ¡Buscaré ayuda!, ¡te amo tanto que no puedo resistir que te mire otro hombre o incluso que les hables!, ¡sabes que daría la vida por ti pero antes de que me dejes te mato y luego me suicido yo!........
             Ella no supo nunca por qué calló ante el estruendo de la primera vez, de los instantes en los que sintió que se ahogaba o cuando sus dedos enfurecidos agarraban su garganta hasta el penúltimo aliento donde la vida casi escapa por tus labios.
              El amor fue su peor amigo, el veneno que entró en su corazón para dejar de ser persona, la hizo vivir con desprecio cada segundo, cada suspiro y cada amanecer. Olvidó que amar no es dolor y que un hombre nunca te ama si te maltrata.
              Nadie pudo ayudarla. La mentira voló hasta cada uno de sus cabellos, llenando su mirada de lágrimas y su cuerpo de rosas moradas, que la perdieron en el laberinto de la esclavitud de las emociones cuando no son verdaderas.
            Nunca dejó de pensar en cada instante en que buscó un rincón para evitar sus patadas, en cada gota de sangre o en el pánico de un hombre que usaba sus manos para castigar y no para acariciar. Ella perdió su vida en alguna sombría esquina……..
               Y ahora toca la punzada en el costado mientras rueda por la escalera. Mira al vacío y siente la humedad viscosa de su sangre luchando a borbotones por salir de su alma. Él se arrodilla ante ella con aquel cuchillo en la mano y acierta a decir lo último que escuchará mientras ella se desvanece.
            ¡Ojalá así comprendas lo que te amo!...... 

            Ella dejó de sentir miedo, dejó de llorar y lentamente dejó de respirar……..

           Dedicado a todas las mujeres y hombres que sufren, tiemblan y mueren por algo que nunca fue amor. 
    
            Hagamos la lucha visible. Por favor, comparte. Gracias.
 

sábado, 23 de enero de 2016

Depresión, nombre de mi vida



            Buscó el rincón más lejano de aquel solitario salón para llorar. De todas formas no importaría si caían unas cuantas lágrimas más, pues era lo que había estado haciendo desde hace meses.

            Pensó en lo grande que puede resultar una casa cuando te han dejado solo, cuando la que ayer te decía amarte, ahora escapaba del hogar entre las brumas de la noche para no verse obligada a susurrar adiós.

 
            Un día sus problemas se apoderaron de la vida, de su presente y de su futuro que se cernía umbrío cerrándose a cada paso.
            ¡No me dejes! imploró entre sollozos.
            Ella dándole la espalda siguió haciendo la maleta mientras le decía: ¡si estás así es porque quieres!, todo el mundo tiene una depresión y sale de ella, te gusta estar enfermo….
            Aquel hombre que nunca sintió miedo por nada ahora estaba despavorido. Desde la muerte de su hermano no había conocido la paz. Un sentimiento de dolor y de desesperanza se clavó en su corazón y no podía parar de llorar. En el trabajo le apartaron a otro puesto “menos molesto” pero él sentía que querían apartarle pues las personas con depresión son un incordio.
             Nadie quiere estar al lado de una persona que no sabe cómo salir del pozo insondable de la desesperanza, que no es capaz de sentir el amanecer sino como  un día más de martirio, como unas horas más de sufrimiento en la que encontrará a alguien que le diga “tienes que animarte” o “tienes que venirte arriba”……
            Un día su mejor amigo, aquel en el que siempre encontró un abrazo le dijo: ¡vamos a quedar a tomar un café y charlamos que te veo triste!, él se sintió reconfortado, al menos una persona quería compartir su pesada carga, pero también fue la última. Después de aquel café todo fueron excusas y esquivarle por lo pasillos para evitar un encuentro. Pronto se dio cuenta que las personas que sufren son solitarias, comprendió que los demás los dejan por otros más fáciles o sencillos de tratar. Es sin duda difícil y duro prestar tu hombro a un amigo que sufre, pero, ¿no se trataba de eso la amistad?.
             Su novia no resultó distinta. De los primeros días de “para lo bueno y lo malo” cuando falleció en un accidente su hermano, pasaron a “así no puedo soportarte”, iniciando un enorme y costoso viaje personal hasta pedir ayuda….pero ya era tarde. Él se vino abajo y no supo remontar.  
             Hoy era sábado, quizás ya no era el día más triste del año pero él lo sentía así. Ella no quiso o no pudo esperar al lunes en el que iría a ver a un psicólogo que le pudiera ayudar.
             Se sentó en el sillón en aquel desangelado salón y se tapó con una vieja manta. El tiempo empezará a pasar con la última lágrima mientras fuera la noche se apodera de los instantes.
              Que solidarios somos a veces con las personas que sufren en lejanos países y que distantes con los que sufren a pocos suspiros de nosotros. Muchas veces no hay que hacer nada más que escuchar, agarrar su mano y dejarles sentir que no están solos.
           


domingo, 17 de enero de 2016

Yo soy ellos



              Todos están muertos pero cada instante más y más vivos. El espejo en el alma de Gabriel Celaya , clamaba que los espejos no reflejan, transparentan. Y es la mirada cargada de futuro de personas que amo, la que hoy preside mi mirada, inspirándome en un futuro que se construye a cada paso como una Metrópolis en colores sepias que se niega a abandonar mi corazón. 


            Hacía mucho que una fotografía, regalo de mi primo Josan, no me inspiraba tanto. Una imagen de una playa desconocida de la España de guerra en la que unos niños llenaban su mirada de ilusión. De forma humilde y atrevida, su hijo, su sobrino, su nieto, muchos años después, se animó a lanzar a la noche sentimientos, añoranza por personas que fueron presente y futuro y orgullo pues llegaron a ser almas de luz.
            Ese niño pequeño, mi padre, con sus piernecitas ya afectadas por la polio, sonreía ufano entre personas que le amaban mientras era capaz de alumbrar en su interior la semilla de la humildad, el cariño y el amor hacia los que tuvimos la fortuna de compartir y seguir compartiendo su vida.
           
Uno dice lo que dice, mas no dice lo que piensa.
Los espejos no reflejan: transparentan.
Todo mira fascinante de frente, pero no existe.
Todo vuelve por detrás y es lo real, invisible.
En lo que veo, no veo; en lo que no veo, creo;
en toda imagen apunta una múltiple presencia,
palpitante intermitencia del corazón: confusión;
y así me siento indeciso como un pobre hombre perdido,
como tú que ¿quién eres?, como yo que ¿quién soy?

Los espejos que me escupen hacia fuera, y hacia dentro
me proponen transparencias de distancias y silencios,
deben ser, quiero que sean, para mis obras ejemplo,
con mucha luz hacia fuera, con más secreto hacia dentro.
Juego al juego, sí, con trampa, como hay doblez en los versos.

Así se cuentan las cosas que nos pasan cada día,
y bien contadas parecen fascinantes y sin alma.
Si se piensa, nada es lo que se ve en el espejo.
La luz grande es un abismo y un estúpido misterio.

Gabriel Celaya (De "Los espejos transparentes", 1967)

            Todos tenemos en nuestro corazón una fotografía, algo que en ocasiones nos negamos a ver por miedo al dolor pero que nunca hemos dejado de ver en nuestros pensamientos. Ser capaces aún de cerrar los ojos al recordar un aroma, sonreír al brillo de una estrella, danzar al paso del viento, respirar bajo la lluvia, nos hace sin duda eternos. Agarrar las emociones, pintarlas del color de mi respiración, darles un nuevo nombre, acariciarlas mientras reverberan en el pentagrama de los suspiros, es decidir vivir de forma consciente en agradecimiento a la vida, a las veces que pude caer, a las veces que me levanté y a la gran cantidad de veces que aprendí de mis errores.
            Ellos me sonríen cada mañana,  mi Yoyo, el papá Félix, mi tatarabuela, mis tíos Carlos, Elisa, Félix, Conchita, Carito y mi padre, Ismael, me indican la dirección desde el rellano de la escalera, mientras me animan a subir y soñar con las nubes. Podrán ya no estar entre nosotros, pero su legado los convirtió en seres de luz, almas inmortales que responden a mis preguntas cuando las dudas invaden mi cabeza. Yo soy lo que soy gracias a ellos y con todo el orgullo siento a cada instante que ellos soy yo. Seguiré pergeñando emociones en el níveo color de un solitario papel, pues me hace sentir más cerca aún de unos corazones que no me dejan de hablar ni un segundo desde el cielo. 
              Esa fotografía captó mucho más que una imagen, atrapó un sentimiento. No existe para mí un tesoro más preciado del pasado que cada día es más el presente. 
         

lunes, 4 de enero de 2016

Queridos Reyes Magos de Oriente



            Queridos Reyes Magos de Oriente:
             Hay personas que piensan que no existís, que no sois reales, que vuestra existencia se debe a una tradición y como todo, se acaba. Yo no pienso eso.
             Un día viendo la película Alicia en el País de las Maravillas, comprendí que estaba en lo cierto y hacía bien en creer en cosas “imposibles”:
—No sirve de nada intentarlo—, dijo Alicia. — No se puede creer en cosas imposibles.
- Me atrevería a decir que no tienes mucha práctica—, respondió la Reina. Cuando tenía tu edad lo hacía durante media hora al día. A veces creía hasta en seis cosas imposibles antes del desayuno.

 
            Cada noche de Reyes sentía vuestra presencia, incluso os pude llegar a ver sin ninguna duda, latiendo mi corazón tan rápido que parecía que no podía frenar. Tapé mi cabeza con la manta, cerré los ojos fuerte y pronto caí dormido. Ahora comprendo que aquellos polvos mágicos para que los niños nos durmiéramos funcionaron también aquel día.
            Al despertar, les comenté a mis padres que había visto a un Rey Mago y ellos con una sonrisa de cariño, me indicaron que seguramente alguno de ellos había entrado en mi habitación para darme un suave beso, mientras dejaban los regalos repartidos por la casa. ¡No existía momento mejor en la vida! , un instante en el que todo pasaba muy rápido y donde no llegaba a comprender cómo siempre podían acertar incluso con cosas que no había puesto en la carta. El cubo en el que junto con mis hermanos habíamos puesto agua para los camellos, aquellas galletas y turrón para sus Majestades había sido devorado en señal de un largo viaje desde Oriente y de una ingente labor llevando regalos.
              Y sí amigos, creo sin dudarlo en los Reyes Magos. Ahora recojo en mi corazón su ilusión, sus peticiones, sus cartas y dibujos que llenan de ilusión mi alma algunas veces cansada. Veo en los ojos de mis hijas Vera y Gabriela la luz, las estrellas, los nervios y la risa de la magia que inunda sus corazones y, ahora yo soy, con todo mi honor y orgullo, uno más de los que ayudan a los Reyes Magos de Oriente. Ellas saben que son ancianos, que los papás debemos en ocasiones colaborar con ellos, y eso nos hace felices.
              Hace muchos años, mis padres, ayudaron a los Reyes Magos y ahora proseguimos nosotros su labor. Recuerdo,  imborrable en mi memoria, un regalo que sin duda fue el mejor que nunca pude recibir. Mi mejor regalo nunca lo tuve o por lo menos a su tiempo. Un regalo fruto de la escasez o como decían mis padres, “por estar tiesos”, que guardo como uno de mis mayores tesoros. Aún acaricio esa tarjeta de mi padre, escrita a mano con cariño con el texto “vale por 500 pesetas para Ismaelito del Rey Mago”.  Me sigue provocando emoción pensar en unos padres que daban todo lo que tenían y lo que no tenían por llenar los calcetines y zapatitos de unos niños que soñaban con sus Reyes ajenos a los problemas y preocupaciones.
                Queridos Reyes Magos de Oriente, este año como siempre, me dormiré pronto deseando despertar, presto a sentir mi corazón latir con la felicidad de la ilusión y con la sonrisa del que asiste a la magia siempre por primera vez. No tengo prisa en revelar “verdades”, creo que es la herencia más maravillosa que recibimos y procuraré saborearla cuanto pueda y algo más.
              Hoy y siempre, Reyes Magos de Oriente, cuando habléis con mi Padre decirle que lo intento hacer como ellos me enseñaron. Que pongo el alma y la emoción para ilusionar, que nunca una carta escrita por unas niñas fue para mí un documento tan importante y tan preciado. Que intento, junto con mi esposa, enseñarlas que la mayor bondad es la solidaridad y el motor de nuestras vidas la emoción. Queridos Reyes Magos de Oriente, decirle a mi padre que aquellas 500 pesetas fueron y serán siempre el mejor regalo que nadie me hizo jamás.
                 Yo creo sin dudarlo en los Reyes Magos.