martes, 11 de octubre de 2016

El cielo tiene aroma a café




     Pasaba las horas sentada en su viejo sillón, apoyados los brazos en aquellos trapos níveos que con tanto esmero tejió, con la cabeza recostada en un duerme vela continuo que se sobresaltaba con los martilleos de un cansado reloj, empeñado en recordar que el tiempo pasa despacio cuando la sombra de la soledad es alargada. 
     Su andar fatigado recorría la casa como el que espera una visita, estirando las colchas de unas camas que sobraban y unos cajones llenos de ropa que doblaba una y otra  vez. No lo podía evitar, ¡ni lo deseaba!, pasar por el salón cerca de una mesa reluciente, donde la foto de su amor lucía eternamente joven, con un rostro burlón ante una vida inmensa en un instante de pasión fulgurante y grandes sueños. Lo miraba una y



otra vez y suspiraba, contenía el aliento y sentía cómo su corazón se arrugaba como el que espera una caricia que nunca llegará. 
      - ¿Sabes qué mi amor?, te siento en cada esquina, en cada lugar de mi vida y aunque no te veo tengo claro que estás a mi lado.
      ¡Un tierno beso con los ojos cerrados, llenó de calor una fotografía del que recorrió su piel en cada sueño y en cada suspiro!.
       Estaba sentada en un rincón de una casa vacía donde ya no había bromas, donde ningún niño corría y donde la cama resultaba absolutamente inmensa sin nadie a su lado para mesarla el cabello en mitad de la noche.
        Se hacía de día y, sus ojos, se abrían de forma automática intentando recordar las cosas que debía hacer, hasta caer en la cuenta nuevamente que lo que haría era limpiar sobre limpio y esperar una llamada que posiblemente nunca llegaría.
      Aquel día de abril amaneció con un sol espléndido y al abrir las ventanas de su casa como cada día, sintió también el calor de una mañana que la invitaba a vivir.
     Hacía mucho tiempo que no se animaba a hacer nada, ¡se encontraba tan a gusto en casa! que posiblemente no entendió que cada pared de su hogar se estaba convirtiendo en barrotes de una cárcel donde quedaba atrapada.
       Se vistió con la sorpresa que toda la ropa le quedaba grande, incluso su pelo se mostraba ajado y sin brillo, reflejándose en el espejo una mujer triste, agarrada a un pasado y con temor atroz por el futuro.
        Peinó con delicadeza su cabello y extendió por su rostro un toque de color que, consiguió arrebatar una media sonrisa a unos labios con sabor a lágrimas.
       Agarró su libro, aquel que rodó muchas noches de sus manos cuando el sueño se apoderaba de su ser, estiró su abrigo, lanzó su paso fuera de puerta y al cerrarse tras de sí, respiró.
       Se sorprendió con una ciudad que parecía darla la bienvenida, sonrisas de vecinos que al verla le decían ¡buenos días!, como queriendo decir ¡te necesitábamos!.  Estiró la espalda, levantó el mentón y avanzó con el sol en el rostro.
      Cerca del río, en un lugar donde los patos nadan sin destino y donde los niños aún juegan, buscó una mesa en aquella terraza a la que solía acudir cuando se sentía perdida.
      Pidió un café largo, con la leche bien caliente, como a ella le gustaba, apoyando bien su espalda en un cómodo respaldo,  mientras colocaba su libro sobre la mesa, con el mimo del que deja el mejor sitio a alguien querido. Acarició sus hojas con los ojos cerrados, capturando los matices del olor en la taza y el aroma de un viejo amigo con las tapas gastadas de tantas y tantas noches interminables de insomnio.
       Pasó un gran rato sumergida entre sus líneas, entre sus párrafos, acariciando cada palabra con los dedos para no perderse ni el más mínimo estremecimiento.
       Pidió otro café y al cambiar su mirada no pudo dejar de observar a un hombre que tomaba también café en otra mesa. Miraba fijo a ningún lado, al horizonte, quizá al cielo o quizá a una nube.  Parecía incluso en ocasiones sonreír levemente absorto a todo y a todos en un gesto casi misterioso.
        Aquel segundo día el espejo le devolvió un gesto de aprobación, el sol había llenado de color y de vida su rostro no dejando de pensar en el café.
       Buscó su mesa,  acomodó su falda sobre sus piernas y antes de empezar a leer, observó de nuevo a aquel hombre del otro día. Hoy sonreía abiertamente con el sol de la mañana en su rostro. No pudo dejar de observar su atuendo impecable, sus lustrosos zapatos, su camisa perfectamente planchada. Su rostro parecía encontrar la paz en cada inspiración y a cada sorbo de café su cuerpo parecía llenarse una magia reservada a los que están en paz consigo mismo.
      Cada día aumentaban sus prisas por llegar a aquel café. Dejaba volar su imaginación sobre aquel hombre misterioso, ¿quién sería? ¿a qué se dedicaba?,  pero por encima de todo, ¿por qué sonreía y a quién?....
        Era Jueves, aquel día su corazón estaba latiendo con más fuerza de lo habitual, incluso hasta no la dolía la espalda al levantarse. Miró por la ventana y el sol acudía puntual a su cita. Salió apresuradamente de su casa con aquel viejo libro tras el brazo. Se sentó en su mesa y mientras pedía el café comprobó que la mesa de aquel hombre estaba vacía.  Pasó un instante hasta que logró centrarse dejándose invadir por aquel olor inconfundible de buen café caliente.
       Volteó suavemente el sobre de azúcar y, apareciendo casi de la nada, llegó aquel hombre que al pasar por su lado dijo con voz grave pero agradable ¡buenos días!, envuelto en la sonrisa del que encuentra a alguien querido tras mucho tiempo sin verle.
        Aquel día no pudo leer, miraba su rostro imperturbable y las preguntas se agolpaban en su mente.
        Una nube pasó ante ellos ocultando el sol y, ¡por fin todo ocurrió!.  Aquel hombre giró la cabeza, bajó la mirada entrecruzándola con la suya y sonrió.
       A veces una luz entra iluminando una habitación solitaria y no busca más que apartar la oscuridad de la noche fría.
      Al día siguiente aquel hombre se acercó a su mesa, parecía más alto y bronceado por el sol.
     -Mil disculpas por mi atrevimiento -dijo aquel hombre- cada día ocupamos las mismas mesas y sillas, tomamos un café y pese a estar a un par de metros, estamos en dos mundos distintos. Me llamo Raúl y si me lo permite, me gustaría invitarla a un café.
      Ella hizo un gesto asintiendo e invitándole a sentarse.
     -Mi nombre es Ana y está en lo cierto, a veces las personas aún cercanas, estamos apartados por todo un universo.
      Raúl sonrió con gusto y llamó al camarero con un gesto indicándole traer otros dos cafés.
     La mañana pasaba con un ritmo lento. Las palabras resonaban con fuerza en la cabeza de Ana tras tantos y tantos días de silencio, tras tantos y tantos amaneceres en soledad.
       - ¡Raúl, discúlpame!, ¿puedo hacerte una pregunta? dijo Ana un tanto temblorosa.
       - Él sonrió y en tono bajo pero seguro la dijo - por supuesto que sí- .
      Ana tomó aire, dejó que sus dedos agarraran con fuerza el libro, miró a los ojos de Raúl y le dijo: - hace algún tiempo que te observo, no puedo dejar de hacerlo, miras siempre al horizonte, a algún punto que te mantiene con la vista fija horas y horas sonriendo....¿a qué o a dónde miras?.
      Raúl miró con ternura a Ana, pareció colocarse bien en su asiento dando la sensación de ir a contar algo doloroso, algo que se guarda en el corazón para que no siga dañando al alma, algo imborrable...
      -Creo Ana que conocerás bien el sentimiento de lo que hablaré, la sensación de pérdida y de soledad cuando deja de estar a tu lado el ser que más quieres, aquel que toca tu piel con su sonrisa. Yo era un hombre que tenía todo, el mundo danzaba entre mis manos y con un chasquido las personas obedecían mis deseos sin preguntar. Pensaba que todo era perfecto y que no podía aspirar a más, a nada hasta que la conocí. Ella era la verdad, la ternura, aquel amor que me hizo darme cuenta que nunca había tenido nada, que todo era mentira salvo sus abrazos, una mujer que me hizo comprender el calor de un beso y a aprender a verla incluso con los ojos cerrados.
      Raúl parpadeaba intentando contener unos ojos que luchaban contra las lágrimas sin apenas conseguirlo.
      -Un día ella enfermó y mi mundo se desplomó. Comprendí que ella era mi vida y que no merecía seguir en un mundo donde el amor se esfumaba entre mis dedos. Pero ella era un ser especial, me abrazó con sus última fuerzas y me dijo que cada día, cuando me sintiera solo, mirase al cielo con una sonrisa y la esperase. Me dijo que siempre acudiría a la cita para decirme que el amor nunca desaparece si aunque sea por un instante, lo has sentido. ¡Y aquí estoy cada día!. Espero a que pasen las nubes, miro al cielo y siempre aparece ella con su mejor sonrisa, no permitiendo que nunca me rinda o que abandone. Ella me enseña cada día que nadie muere nunca mientras está en tu corazón.
       Ana bajó la mirada, quizá no esperaba una respuesta así, algo directo al alma y sin atrezzo, algo limpio y sincero.
       -Yo no soy capaz de hacer lo que tú haces. Siento la presencia de mi marido -dijo Ana-, el ser que más he querido en el mundo, pero no soy capaz de verlo. Casi algunas veces lloro de rabia pues siento que puedo llegar a olvidarme de su cara, de su olor, de su calor, de sus caricias.
       -Ana -dijo Raúl-, resulta difícil entender lo que te voy a decir pero aquellas personas que amamos, aquellas que fueron todo en nuestra vida, siguen en cada uno de nuestros suspiros. La soledad no es algo que deseemos pero está a nuestro lado. Debemos aprender a encontrar a otras personas, a ser amigos de ellos, a quitarnos las barreras de hombre y mujer, comprendiendo que somos seres humanos que nos sentimos solos....tan sencillo como cuando éramos niños y decíamos ¿quieres ser mi amigo?. ¡Ana! dijo mirándola a los ojos, ¿te apetece ser mi amiga?. 
        Ana sonrió ante la pregunta, puso una mano sobre su corazón y sin dudarlo, asintió con la cabeza.
        Al día siguiente los dos se sentaron juntos en una mesa, pidieron aquel café humeante, respiraron profundo y miraron al cielo....en unos instantes ambos sonreían agarrados de la mano....como dos amigos que comparten algo bello....




martes, 20 de septiembre de 2016

¡Tu día de suerte!



            ¿A quién se le ocurre?, ¡Omran la que has liado!

            No te hagas el tonto no, no mires para otro lado o mantengas la mirada perdida y desolada,
la culpa de caer la bomba sobre tu casa, sobre tu familia, sobre tus amigos o sobre todo lo que conocías, es del todo tuya.
            Serás un niño, seguro que empezabas a jugar al fútbol con tus amigos y, aún llorabas cuando te hacías daño corriendo en busca de tus padres, pero deberías pensar en la suerte que tienes. De forma estruendosa, entre una nube de polvo, con escombros que aprisionaban tu cuerpo y sangrando cada poro de tu cuerpecito, algunos te enviaron una lluvia de bombas que te hicieron comprender de golpe términos como geopolítica, grandes potencias, rebeldes, Daesh, tropas presidencialistas, estrategia  y por encima de todo, daños colaterales.
            Piensa mi niño que no es importante perder todos tus juguetes, que exploten por los aires tus sueños, perder a toda tu familia, pues hay veces que tras la nube de polvo que queda tras una explosión las cosas se ven de otra manera y, el día de mañana, seguro que serás feliz creciendo en un paisaje de ruinas, abriéndote paso entre escombros, saltando cadáveres y estudiando en una escuela sin libros donde los alumnos son huérfanos como tú.
            El día de mañana seguro que tienes un gran futuro escapando de las bombas que te lanzan unos y otros, decidiendo en un gesto enorme de generosidad, morir tras la bombas del Daesh, Rusia, EEUU, Rebeldes o Bashar al Asad. ¡No llores no!, esa bomba que te lanza vale más dinero que la vida de las personas de todo tu país, ¡menudo regalo caído del cielo!.
            ¡Cuando ya no puedas más no sientas nunca miedo pues no tienes derecho!. Seguro que puedes agarrar un barco de mala muerte o una barca de juguete y cruzar un mar convertido en camposanto y lanzarte a una vida mejor. Al otro lado, en la otra orilla, un montón de gente te recibirá con los brazos abiertos para ayudarte pero no podrán hacer más. Otro montón de gente que nunca estarán para ayudarte cuando llegues exhausto, llenarán tu camino de alambradas, muros, gases y deportaciones intentando que regreses al país de donde procedes aunque allí te espere la muerte. ¡Es que lo queréis todo!, ¡queréis vivir, una vida mejor, un futuro, no morir de hambre, que no os violen, que no roben a vuestros hijos, que no caigan bombas, vivir en paz, tener una casa, agua, comida, medicinas!, ¡coño es que lo queréis todo y todo no se puede tener!, ¡no seáis egoístas!.
            Llegáis a una Europa perdida y sin corazón que no tiene ni idea qué hacer con los refugiados que escapan del terror. Personas que no vienen a buscar trabajo sino a sobrevivir. Es una pena que no seamos capaces de recordar cuando a un vecino se le caía el techo de su casa y siempre alguien le invitaba a vivir temporalmente en su casa.
            Ojalá algún día nuestros políticos comprendan que con el miedo y la necesidad no se debería hacer política ni querer ganar votos, intentando dar el mejor refugio posible a personas que sufren hasta que puedan volver a su tierra. Dejémonos de sonrisas, de abrazos, de muros, de alambres, de Welcome o de otras chorradas que ellos no comprenden cuando lo que desean es una manta, un techo, un plato de comida y un abrazo de sus seres queridos.
            ¡Qué pena Omran que sigas con esa mirada sin comprender la suerte que tienes!

viernes, 2 de septiembre de 2016

La vida es un Cabaret



      Siempre que vemos las lágrimas rodar por otras mejillas, respiramos profundo por no ser las nuestras pero no podemos evitar recordar. Las lágrimas y las risas son absolutamente contagiosas, pero la vida se esfuerza en hacer las primeras eternas y las segundas efímeras. 

     Hay que amarrar muy bien las sogas del optimismo para no decirle a la vida a veces que no la aguantamos más, o que no entendemos su obstinación en complicarse cuando todo marcha bien o cuando existían más razones para reír que sufrir.
      ¿Qué podemos hacer cuándo todo se desmorona entre tus dedos como un castillo de arena?, ¿cuánto podemos aguantar sin explotar en llanto para mostrarnos fuertes?, ¿dónde está el final del sufrimiento?.
     Quizá la vida debería ser el “Cabaret” de Liza Minelli en donde todos deberíamos atrevernos a decidirnos, buscando un sentido a lo que nos rodea y que se antoja un enorme galimatías mientras la orquesta marca el ritmo de un movimiento sensual entre el humo de las mesas. 
       Perseguir un instante de sonrisas se convierte en poca cosa cuando el corazón vive en la duda o en la angustia. Si el telón se levanta, pisa fuerte y avanza con la mejor sonrisa demostrándole al mundo que no te vendrás atrás. La vida es un Cabaret y desde luego merece la pena vivirla deleitándonos en cada uno de sus instantes.
Podremos estar rotos por dentro, sentir que el amanecer nunca llega y que perdimos por el camino aquel abrazo que durante tantos suspiros nos mantuvo en pie, pero ¡nunca dejemos de avanzar!.
Una canción, golpea siempre mi mente cuando tengo delante a personas que sufren y no saben qué hacer o ya no tienen más lágrimas que derramar. “Maybe this time”en una garganta que estremece cada poro de mi piel y que me hace grabar la idea de “quizás esta vez voy a tener suerte”.
¡Si puedes hazme un favor, sube la música de la canción y sueña!. Cuando todo parece perdido el soñar nos hace gritar a la suerte todo un sentimiento de rebeldía y de resistencia para decirla que no deje nunca de pensar en que no vamos a rendirnos. 
¡Ojalá mi amiga, ojalá esta vez tengas suerte!. 

sábado, 23 de julio de 2016

Decisiones y corazones rotos



                ¡Nadie me hace sentir la vida como lo haces tú!, ¡mi cuerpo vibra, me cuesta respirar y cuento los amaneceres para estar contigo!...... Esas fueron sus palabras antes de no saber nada más de él.
                No es duro sentirse herido, perdido, traicionado, lo duro es sentir la garra de la incertidumbre entrar por tu corazón agarrando tu garganta para no dejarte respirar. Falta el aire y al hinchar tu pecho entra dolor haciéndote mirar las estrellas que flotan expectantes en un cielo umbrío. La tristeza de un ábaco de suspiros que siempre se quedó a cero.
                -  ¿Hice algo mal?
                No existe un eco más profundo que el de una pregunta sin respuesta resonando en el fondo de tu alma. Es cierto, si te ama o no lo hace sería mejor decirlo claramente, pero, es humano…… y quizás cobarde….. o quizás teme que le rompan el corazón pero no duda en rompérselo a otra persona. 


                Intentas apartar tu pensamiento, desconectar tu cabeza, tu imaginación, la vista de un teléfono mudo, pero nada funciona. El silencio grita sin parar haciendo que la paz se muestre esquiva y que todo aquello por lo que siempre habías luchado, todos aquellos propósitos de felicidad se quiebren como un espejo que atrae cien años de mala suerte.
                -  ¡Me hace sufrir, juega conmigo, no se lo merece, pero no puedo evitar amarlo!.....
                A veces no existe peor cárcel o mejor paraíso que una caricia. A menudo hemos contenido huracanes con una mirada sin darnos cuenta de la responsabilidad que encierra en sí misma un beso. Una tela de araña tejida con abrazos que envuelve tu pensamiento haciéndolo girar como en una noria que busca su mirada en todos los rincones sin encontrarlo.
                Cada noche, como un lobo hambriento, buscas en cada rincón, en cada brizna de viento su aroma y su calor para caer rendida  al alba en una cama enemiga del pensamiento.
                A veces los juegos no son de estrategia sino de desgaste. Cuando se apuesta el corazón se puede ganar o perder pero con la regla de la mirada como estandarte. No hay nada más triste que apostar con alguien que esconde el As del abandono en la manga demostrándote que quién juega de farol con las emociones rompe algo más que un corazón bajando la mirada para no sentirse mezquino.
                Como espectador del destino, mi trabajo y mi pensamiento, me hacen decirte que no merece la pena vagar perdida entre unas sábanas que abrigan una pasión y mil sufrimientos. Como arquitecto en prácticas eternas de emociones te digo que amar es siempre arriesgar contra el anochecer y el amanecer, contra lo que debes hacer y lo que debes sentir, por seguir sonriendo cuando se te corta la respiración, por mantener el equilibrio cuando unos labios recorren tu alma o cuando la brisa del hielo se vuelve fuego. Si hoy me preguntas qué hacer mi amiga te diría una sola cosa…. ¡arriesga!.....
                Allí estaré yo, alegre o triste, contento o preocupado, pero siempre atento…. Recuerda siempre que antes de ser nada de lo que hoy soy, aprendí a dar puntadas en los corazones rotos.

martes, 28 de junio de 2016

Mi viejo y joven amigo Ricardo



             Mi amigo Ricardo era tan anciano que no paraba de reír.
            Mi amigo Ricardo sacaba siempre de mí la mejor sonrisa que, yo siempre correspondía con todo el cariño de mi alma.
            Cuando llegaba el buen tiempo, nos sentábamos en la terraza cercana a la consulta cambiando la psicología por una buena cerveza, dando los dos como cierto que a veces la reestructuración cognitiva podía llevar espuma y aceitunas de anchoa. 


            Me encantaba escuchar a una persona en silla de ruedas hablar de “velocidad”, “tomar curvas” y “maniobras”, pues al fin y al cabo me recordaba a mi padre. Quizás por que eran amigos y los dos compartieron “medio de transporte” disfrutaba tanto de su compañía.
            ¡Sí, era mi paciente!, pero eso fue el tiempo necesario que se necesita para entrar en el corazón de una persona y considerarlo también amigo.
            A veces no lo entendía bien por su problema de expresión, pero no lo necesitaba, su sonrisa decía todo aquello a lo que no llegaban las palabras llenando mi mente de mensajes que no podré nunca olvidar.
            Mi amigo Ricardo era tan anciano que era feliz. Se esforzaba a cada instante por ver la vida por el mejor ángulo posible, por entender que no son los años sino la actitud la que te hace “viejo” y que muchos jóvenes nunca serán tan jóvenes como él lo era.
            Mi amigo Ricardo tenía nuevos planes cada día. Algunas veces me decía que soñaba ilusiones en la sala del hospital cuando estaba ingresado y que al salir ponía todo su empeño en conseguirlo.
            Mi amigo Ricardo venía a verme como Psicólogo y creo que nunca pude agradecer toda la enseñanza que me dio, es más, creo que todo era una excusa para seguir una amistad en la que dos soñadores laboriosos nos encontrábamos para hablar “de todo menos de fútbol”….ese era el trato…
            Hoy le habría tocado venir a consulta a mi amigo Ricardo, pero falleció hace unos días….hoy dejo el hueco vacío en tu honor mi amigo y levanto una cerveza hacia el cielo, en soledad, en tu recuerdo, con todo el orgullo.
            Qué suerte Ricardo el conocerte, que suerte mi amigo el aprender que la vida no es cuestión de años sino de instantes, que suerte mi amigo el poder  empujar tu silla de ruedas fabricada de sonrisas y abrazos.  
            En tu nuevo hogar mi amigo, allá en el cielo, no olvides dar muchos recuerdos y elevar un brindis entre mi padre y tú por los que sentimos el honor de aprender de unos seres fabricados de vida.   
            Cada Martes mi amigo, te estaré esperando en mis sueños.
           

domingo, 19 de junio de 2016

Por una cabeza




            ¿Todo se esconde en un segundo de la vida?......
            Afinó la mirada, fijó su destino escrito en medio paso, avanzando arrastrando sus pies en cada suspiro, como el que teme quemarse con el fuego escondido bajo un pecho enlentecido.
            Agarró su cintura con fuerza, escuchó sus latidos agitando sus sentidos temerosos, adentrándose en un laberinto formaba por los pliegues de su ropa al convertirse en suave atadura de seda. 


            ¡Clavó su mirada, cerró el huracán contenido entre sus brazos y meció su vivir en un respirar turbado que avanzaba y retrocedía como el fuelle de un bandoneón!.
            ¡Arrancaba  su piel el lamento de un giro con regusto de choclo, mientras sus dedos fijaban su nuca entrelazando los dedos con su pelo!. ¡Nada existe más sensual que una mirada mientras rozas su piel con tu aliento!. Un arpegio de fuego que se turba entre los lamentos de una bruma platense que esconde los besos apasionados de las miradas furtivas.
            ¡Por una cabeza!.... y su cuerpo se fundió en volutas que se movían adelante y atrás, rompiendo las distancias, girando en un juego de miradas que detenía el tiempo cuando sus piernas se fundían a su cuerpo. Tumbaba su cuerpo convirtiéndose en el lugar donde el volcán toma fuerzas para volver a ser recuerdo. Y Giraba, y arqueaba su espalda, mientras sentía la caricia recorriendo su piel y su cuerpo agitado ardiendo en un anochecer eterno.
            Cuando acabó la música, intentó dar la espalda a su pasión sin querer mirar atrás….algunas veces la vida te da la oportunidad de sentir una emoción tan cercana al sueño que temes pensar si fue real para no despertar. Acarició el ala de su sombrero mientras avanzaba a pequeños pasos anhelando escuchar de nuevo el bandoneón en alguna lejana esquina del sentimiento.
Gracias por poner un viejo tango en el gramófono  sentido de mis teclas, intrigadas por unas líneas dibujadas en la palma de la mano. 

jueves, 16 de junio de 2016

Pajaritas de Papel



            Se acostumbró a vivir haciendo de su corazón pajaritas de papel. Tantos dobleces en su alma, dejaban marcada su historia y cada suspiro que resonaba con el eco del que sabe que nunca tendrá respuesta. 


            Si el amor debe hacernos feliz, ¿por qué se sufre?, ¿por qué ahoga nuestro respirar mudando su sonido por quejidos o por el abrazo negro del humo del olvido?.
            ¡Ella es vida!, un corazón envuelto para regalo para aquel que quisiera disfrutar de un alma bella o, alumbrar su vida con el brillo de unos ojos nacidos para sentir. Una voluta de pasión que hacía suyas las caricias, atrapando en sus dedos la emoción del instante en que cielo y tierra se convierte en fuego.
            Se transforma en un mundo sentir la frase “te quiero” y no poderla decir, es la distancia insalvable del abrazo pendiente o, la realidad de la distancia que se apodera de tu mirada cuando sientes que las cosas no son verdad o, que aquel que un día llamaste amante, escapa en la noche como un mal sueño sin mirar atrás.
            No existe peor cárcel que un “para siempre”, no existen barrotes más fieros que un “no me dejes”, nada ata más firme que un beso…..hasta que llega el frío ahogando el sentimiento.
            ¿Cómo arrancar de la mente la vida?, ¿cómo arrancar de tu pecho los te quiero?, ¿cómo dejar de pensar en tu único pensamiento?, ¿cómo apartar de tu lado a tu propio cuerpo?.
            Es asfixiante esperar un amanecer en el que tu cabeza te dice “déjalo” y tu corazón te grita “lo amo”. Si vuelo seré un Ícaro bello y, si pierdo las alas, habré subido a buscar un sol ardiente que me hizo caer pues nunca me perteneció.  
            Algunas veces deberíamos hacer más caso a las pajaritas de papel y saber leer las marcas de los dobleces, pues ellas dibujan las veces que nos partieron el corazón y las decisiones que tomamos.
            Si hoy me quieres hacer un favor, antes de volar mírate en el espejo. Quizás no llegaste a comprender que esas alas siempre fueron tuyas enseñándonos que el que amó nunca perdió y, que el futuro siempre guarda un “as” destinado al que sabe aguardar su momento y sonreír cuando los demás juegan de farol.
            Amar se escribe en el corazón con H de Humano y no merece ni un suspiro aquel que no lo sabe apreciar.