lunes, 25 de abril de 2016

Abrazada a su almohada



            A veces mi amiga las cosas no salen bien. Algunos amaneceres ponen a prueba nuestra capacidad de tragar saliva, de contener las lágrimas y de decir “no pasa nada”.
            Algunos días podríamos saltarlos sin más en nuestro calendario, arrojarlos a la hoguera de una vida muchas veces sin sentido, mientras nuestros dedos, martillean a cada segundo una cabeza enlentecida que, danza un arpegio extraño en su ritmo, ilógico en sus formas y temerario en sus normas. 


            Algunos días mi amiga, deberíamos arroparnos con las mantas, hundir el rostro en la almohada y pensar que todo es un sueño. Un sueño en el que al final lucharemos contra el Caballero de la Media Luna, mientras Rocinante cabalga exhausto hacia un despertar donde ya no seamos una triste figura sino un halo de luz.  
            Algunos días mi amiga, el camino más duro es el que tienes enfrente, con empinadas decisiones y sinuosos pasos que, reparten su esfuerzo entre el gélido viento de la indiferencia o la cortante caricia del que pensó que con una ya era bastante y dejó de llamarte por no molestar.
            Algunos días mi amiga, lo que más echamos en falta es una mirada, lo que necesitaríamos se encuentra a la distancia de un abrazo, escondido en los recónditos pliegues de un beso que con su suspiro reconforte un alma abandonada por la vida.
            Solía abrazar fuerte la almohada, cerraba los ojos y se dejaba llevar al lugar donde las emociones son del color de las sonrisas y, donde el calor jadeante de los suspiros era capaz de derretir el hielo de la soledad. Un país del nunca jamás donde ningún Peter Pan acudía nunca en su rescate y, donde cada vez más quedaba atrapada bajo un garfio tan afilado como la brisa de una traición, o el soplo helado del desengaño.
            ¡Soñar o vivir, como luz o sombras!. Nada puede vivir sin su contrario en una profecía tallada a fuego donde la propia Galatea se convirtió en vida porque Pigmalión la soñó mientras latían sus dedos.
            Algunos días mi amiga, debemos dejar de abrazar el vacío y preguntarnos si merece la pena soñar nuestra vida o, vivir nuestros sueños.

PD.- Gracias inmensas a mi amigo Juan Carlos Herrero -Juanky- por darme emociones en forma de frases y por poner voz a las frases además de calor al sentimiento. 
           

martes, 12 de abril de 2016

Siempre es amor



           Nunca tuvo claro si aquello nació para ser un sueño, un destello de luz o la simple justicia del que busca un buen destino y se le niega encontrarlo.
           Las puertas de aquel brillante ascensor se cerraron y no pudieron evitar, o no quisieron, cruzar las miradas y dibujar en sus labios una sonrisa tímida, dulce y cálida. ¿Qué era hasta aquel instante un minuto?, ¿qué era hasta aquel día un segundo?; comprendieron que el tiempo se detiene ante el paso de un suspiro, alargando los latidos de un corazón que late entre brasas hasta detener la imagen y sin parpadear, para no perderse ni un detalle.
            ¡No era un día más, era el día!. Tomó aire despacio cuando llegó a su piso y, al abrirse las puertas, invocó al valor de las oportunidades perdidas diciendo - ¡hola!-. Se quedó sin aire y el instante se alargó como la sombra de un ciprés, pero, ¡era su día!.
            Recibió una sonrisa y se turbó cuando percibió el movimiento de su cuerpo saliendo también del ascensor. Escribió en un papel su teléfono con el movimiento acompasado de las letras al rozar las cuerdas de su futuro, desapareciendo después en aquel lejano pasillo. 


            No pudo casi ni respirar en todo el día. Apretaba aquel papel en su mano como el que recupera un valioso tesoro, preguntándose una y mil veces si aquella sucesión de números era una cábala del destino que pudiera romper su soledad.
            Esperó a llegar a casa, se sentó en aquel sofá que conservaba en calor de su cuerpo y, estiró con mimo el papel. Contempló aquel salón, se miró al espejo y comprendió que la soledad reside en lanzar preguntas al viento y recibir la única respuesta de un eco lejano. ¡Ansiaba sentir una larga caricia!, ¡alimentarse de un lento abrazo!, ¡recibir en su corazón el sentimiento de vibrar cuando llega la hora de abrirse una puerta tantas veces cerrada!.
            Una y mil veces colgó antes de llamar, ¡sentía un miedo atroz a ser rechazado!, a sentir en su piel el latigazo de la burla o del desprecio ante la simple emoción del roce de una piel que tiembla ante el deseo.
            - ¡Creía que no me llamarías nunca!, escuchó al final de su silencio.

            Pasó el tiempo y el cielo llenó de color sus sonrisas. Me hicieron partícipes de sus problemas y por encima de todo, de su amor. Hoy se abrazan como aquel primer día y sonríen siempre cuando salen de un ascensor. Nunca han dejado de decirse ¡hola! y yo me siento orgulloso de estar en sus vidas. ¡Mis adoradas Natalia y Ana!, ¡nunca dejéis de sentir que con las puertas del amor se abren siempre también, las puertas del cielo!

            Dedicado a vosotras, en agradecimiento a vuestra amistad pues amor es siempre amor y los besos no entienden nada más que de emociones.

jueves, 24 de marzo de 2016

En mi no creer



            Pasan los años y siempre,  en jueves Santo,  me despierto con la sensación de ser un costalero del recuerdo, un deudor de la emoción y un penitente feliz del sentimiento.
            En mi no creer, cada jueves Santo, creo en lo que me hace latir el corazón, en lo que recorre mis sentidos dejando mi corazón en un medio camino entre el cielo y el paso donde estará nuestra amiga, su adorada Macarena.
            Hoy repitiendo el ritual, buscaré mis gastadas zapatillas de deporte para tirar de su silla de plata, haciendo girar sus cansadas ruedas por una calle Toledo que se muestra inmisericorde con las citas aplazadas. 


            Será el día en que el despertador del cielo habrá sonado para mi padre para recordarle su cita a las doce de la noche. Sonreiremos, estiraré las piernas y prepararé mi espalda para empujar su silla de ruedas que ahora flota entre las nubes. Tomaré su mano como hacíamos siempre, nos pondremos en la barandilla del cielo para contener la emoción cuando nuestra Macarena nos mire y sonría por nuestro agradecido esfuerzo. Hemos clavado rodillas ya tantas y tantas veces juntos que por una más hoy daría cualquier cosa.
            Hoy como siempre me sentiré feliz en mi recuerdo por tantas veces ser las piernas de mi padre, por cada gota de sudor que saltó de mi frente y por las sonrisas que compartimos cuando logramos coronar las cumbres.
            Dentro de mi no creer, no vamos a ver a la Virgen Macarena, voy a ver a una amiga. Hoy mi Macarena, no existirá ningún vacío pues él está a mi lado. Allí estará como siempre con la sonrisa de un niño que se emociona por primera vez y, el corazón lleno de amor hacia la que siempre nos escuchó, a la que supo explicarme en mi no creer por qué debía creer en ella, por qué debía sentirme tranquilo llegado el momento pues ella le acogería en sus brazos.
            Hoy deberás disculparme mi amiga si como siempre te llamo guapa, si siento la mano agarrada de mi padre y si la emoción me aprieta el corazón al ver tu paz y tus lágrimas.
            Cada jueves Santo, repito el camino con olores a incienso abriéndome paso entre penitentes hasta llegar a verte llegar de la mano del Gran Poder. Ese camino de velas encendidas que baila el caminar cansado de un Jesús donde mi socio, mi amigo, mi todo Ángel, llevó en su fajín de costalero la salud de todos nosotros con la sonrisa del que sabe que las cosas buenas siempre tienen su premio.¡Qué gran labor llevar sobre tus hombros un trozo de cielo!.
            Hoy mi Macarena allí estaré, esperando en nuestra esquina, con mi familia y mi padre que tomará un día de descanso en el cielo para bajar a decirte cuánto te queremos.
            Un día mi amiga te pedí por él y pese a todos, lo ayudaste. Aquel día  de tristeza te volví a pedir y, en tu manto te lo llevaste. Hoy está aquí, sonriendo mientras empujo con fuerza su silla para llegar a la cita. Hoy en mi no creer, acariciaré la cara de mi padre mientras con todo el sentimiento digo: ¡en ti si creo!.

viernes, 18 de marzo de 2016

Polizón de tu alma



            Se apresuró a correr a aquel puerto desconocido donde la mar se convertía en aventura y los pensamientos en leyendas.
            Miró a un lado y a otro sin encontrar vigilancia, traspasando las puertas abiertas y francas para las caricias que, nunca había sentido en la bajamar de los alocados suspiros. Subió saltando cada uno de los escalones, con el corazón gritando pasión como un polizón que se cuela en tus sueños cuando se apodera de tus sentidos. 


            Se acomodó en el camarote donde la luz es ámbar y, el olor de almizcle, desató el fuego de unos cuerpos ávidos de vida y perdidos en el océano de la lujuria. Las sábanas se convirtieron en piel y, el sudor, en caricias cuando sus gotas resbalaban por el pecho trocado en delirio que ardía vivo como las brasas.
            El viento arreciaba contra los trinquetes. inflando las dimensiones inabarcables de un beso y, pronto se convirtió en calma, en sosiego que aplacaba los suspiros convirtiéndolos en brisa.
            Un día se encontró perdido en la inmensidad de su abrazo, olvidado como un poema de juventud o como un corazón dibujado a navaja en un árbol. Comprendió que aquel amor había desaparecido, se había declarado ausente y ni las estrellas eran capaces de marcar su dirección. Era el momento de volver a recoger sus caricias, sus anhelos, sus suspiros y ser de nuevo un polizón, volver a recorrer los puertos detrás de un aroma y emocionarse ante el sonido de una bocina en la niebla avisando de la llegada de un nuevo barco.
            Sí, es cierto, estaba de nuevo solo, regresaba a la bruma de la noche, pero no estaba vencido.
            Todo un petate lleno de emociones, es el mejor equipaje para aquel que se enfrenta a la oscuridad, con la certeza de todo lo ganado en vez de la sensación de todo lo perdido. Miraba a la noche y sonreía pues se había desvanecido ante sus labios un barco, abriéndose ante sus pies toda una vida.

lunes, 14 de marzo de 2016

Derecho a soñar



            Hay que tener los pies muy bien asentados en la tierra para soñar. Hay que reivindicar como clamaba Eduardo Galeano, el derecho a soñar, a sentirnos más allá de la cruda realidad, a volar sin alas por encima de un mundo de barro que pretende fraguarse con la realidad cruda de la verdad única. 


            A veces es deseable sentarse a mirar el viento, a oler las estrellas o acariciar el sol. Sentir que el mundo puede detenerse unos instantes, mientras hacemos aquello que resulta más provechoso para nuestra alma: ¡vivir!.
            Los que en alguna ocasión nos hemos sentido sorprendidos y absortos mirando el mar, podemos comprender que detrás de una ola no viene nunca otra. Después de una ola llega la espuma, llega la idea de hasta dónde llegará o si borrará aquellos corazones dibujados en la orilla que, desaparecen como los amantes furtivos después de lograr su ansiado beso. Si en tu mente sólo existe la sucesión de olas del mar, tampoco podrán existir la magia de un atardecer o la emoción de dibujar con tus dedos la estela de una estrella fugaz.
            No existe el calor sin el frío como tampoco existe la realidad sin el sueño, sin cabalgar en una nube o, descender por las curvas de una espalda mientras tiembla la piel bajo la caricia de unos labios.
            Reivindico mi derecho a soñar, reivindico mi derecho a pensar que no todo tiene lógica y que las emociones son cada vez más humanas, abriéndose como una Dama de noche que desprende a la bruma su aroma, para seducir tus sentidos como la caricia que se ve con los ojos cerrados recorriéndote el alma.

martes, 8 de marzo de 2016

Soñar en defensa propia



            Aprendió a caminar de su mano buscando el alba, al calor de sus manos y de la llama de su sonrisa, cuando arreciaba la lluvia en las tardes de primavera. 


            Se sorprendió al sentir su piel estremecerse bajo el abrazo de sus ojos, cuando el espacio de un abrazo deja el cuerpo mecerse hasta el filo del insondable abismo del deseo.
            ¿Qué importa si las sensaciones y las emociones duran más o menos tiempo?, ¿qué importa si un beso durará lo que una estrella fugaz?, ¿qué importa si ese beso durará toda la vida?.
            Cuando no quedaron más pétalos ni suspiros, comprendió que los instantes pasan como los trenes lejanos que se ven cuando ya están distantes camino de las brumas.
             Miró sus manos y comprendió el mensaje que dibujaban las líneas ajadas de tanto ocultar su rostro: ¡siente!, ¡vive!, ¡sueña!. 


            El cerrar los ojos al besar, se inventó por una estrella enamorada que danzó entre el parnaso de palabras enloquecidas y náyades extasiadas, mientras con su mano extendida acariciaba la luna. 

            Soñar es un gran acto de protesta emocional ante una vida con explicación lógica para todo.


lunes, 22 de febrero de 2016

La soledad de una caricia perdida




            Llegas a saber lo que es la soledad, cuando lanzas una pregunta al viento y nadie la responde, cuando tus suspiros se pierden en el horizonte sin ser recogidos por ningún abrazo o, cuando tus besos mueren marchitos con sólo salir de tus labios. 


            Es perversa la soledad cuando se amarra a tu alma como un Ulises perdido entre sirenas que, desea pese a todo escuchar su canto aún sabiendo que es su perdición.
            El corazón está preparado para romperse y recomponerse pero el alma, el suspiro de una vida inmortal, no debe traspasarla ni la más corta de las noches heladas o la caricia perdida del que antes de besarte ya parte con sus promesas a ninguna parte, buscando el calor de otro cuerpo. Como un lobo en una noche de luna llena, aparta del camino todos los recuerdos que le atan a la vida, vigilando su aliento de amante ávido que sueña con el final cuando aún te tiene delante.
            La soledad es un mantra de silencio que envuelve tu cuerpo ahogando tus emociones hasta convertirlas en cenizas. Su manto se desliza como la bruma ahogando tus abrazos cuando deseas recibirlos y, tus besos cuando te estremeces por brindarlos.
            La soledad, es el peor disfraz para el que desea vivir el carnaval de la vida junto a otra persona que complete sus anhelos bajo el mirar nacarado de un azar tornadizo, a veces brutal y, muchas veces, sin ningún sentido.
            La soledad, es como la onda de un estanque que nunca llegará a conocer orilla alguna.