viernes, 18 de marzo de 2016

Polizón de tu alma



            Se apresuró a correr a aquel puerto desconocido donde la mar se convertía en aventura y los pensamientos en leyendas.
            Miró a un lado y a otro sin encontrar vigilancia, traspasando las puertas abiertas y francas para las caricias que, nunca había sentido en la bajamar de los alocados suspiros. Subió saltando cada uno de los escalones, con el corazón gritando pasión como un polizón que se cuela en tus sueños cuando se apodera de tus sentidos. 


            Se acomodó en el camarote donde la luz es ámbar y, el olor de almizcle, desató el fuego de unos cuerpos ávidos de vida y perdidos en el océano de la lujuria. Las sábanas se convirtieron en piel y, el sudor, en caricias cuando sus gotas resbalaban por el pecho trocado en delirio que ardía vivo como las brasas.
            El viento arreciaba contra los trinquetes. inflando las dimensiones inabarcables de un beso y, pronto se convirtió en calma, en sosiego que aplacaba los suspiros convirtiéndolos en brisa.
            Un día se encontró perdido en la inmensidad de su abrazo, olvidado como un poema de juventud o como un corazón dibujado a navaja en un árbol. Comprendió que aquel amor había desaparecido, se había declarado ausente y ni las estrellas eran capaces de marcar su dirección. Era el momento de volver a recoger sus caricias, sus anhelos, sus suspiros y ser de nuevo un polizón, volver a recorrer los puertos detrás de un aroma y emocionarse ante el sonido de una bocina en la niebla avisando de la llegada de un nuevo barco.
            Sí, es cierto, estaba de nuevo solo, regresaba a la bruma de la noche, pero no estaba vencido.
            Todo un petate lleno de emociones, es el mejor equipaje para aquel que se enfrenta a la oscuridad, con la certeza de todo lo ganado en vez de la sensación de todo lo perdido. Miraba a la noche y sonreía pues se había desvanecido ante sus labios un barco, abriéndose ante sus pies toda una vida.

lunes, 14 de marzo de 2016

Derecho a soñar



            Hay que tener los pies muy bien asentados en la tierra para soñar. Hay que reivindicar como clamaba Eduardo Galeano, el derecho a soñar, a sentirnos más allá de la cruda realidad, a volar sin alas por encima de un mundo de barro que pretende fraguarse con la realidad cruda de la verdad única. 


            A veces es deseable sentarse a mirar el viento, a oler las estrellas o acariciar el sol. Sentir que el mundo puede detenerse unos instantes, mientras hacemos aquello que resulta más provechoso para nuestra alma: ¡vivir!.
            Los que en alguna ocasión nos hemos sentido sorprendidos y absortos mirando el mar, podemos comprender que detrás de una ola no viene nunca otra. Después de una ola llega la espuma, llega la idea de hasta dónde llegará o si borrará aquellos corazones dibujados en la orilla que, desaparecen como los amantes furtivos después de lograr su ansiado beso. Si en tu mente sólo existe la sucesión de olas del mar, tampoco podrán existir la magia de un atardecer o la emoción de dibujar con tus dedos la estela de una estrella fugaz.
            No existe el calor sin el frío como tampoco existe la realidad sin el sueño, sin cabalgar en una nube o, descender por las curvas de una espalda mientras tiembla la piel bajo la caricia de unos labios.
            Reivindico mi derecho a soñar, reivindico mi derecho a pensar que no todo tiene lógica y que las emociones son cada vez más humanas, abriéndose como una Dama de noche que desprende a la bruma su aroma, para seducir tus sentidos como la caricia que se ve con los ojos cerrados recorriéndote el alma.

martes, 8 de marzo de 2016

Soñar en defensa propia



            Aprendió a caminar de su mano buscando el alba, al calor de sus manos y de la llama de su sonrisa, cuando arreciaba la lluvia en las tardes de primavera. 


            Se sorprendió al sentir su piel estremecerse bajo el abrazo de sus ojos, cuando el espacio de un abrazo deja el cuerpo mecerse hasta el filo del insondable abismo del deseo.
            ¿Qué importa si las sensaciones y las emociones duran más o menos tiempo?, ¿qué importa si un beso durará lo que una estrella fugaz?, ¿qué importa si ese beso durará toda la vida?.
            Cuando no quedaron más pétalos ni suspiros, comprendió que los instantes pasan como los trenes lejanos que se ven cuando ya están distantes camino de las brumas.
             Miró sus manos y comprendió el mensaje que dibujaban las líneas ajadas de tanto ocultar su rostro: ¡siente!, ¡vive!, ¡sueña!. 


            El cerrar los ojos al besar, se inventó por una estrella enamorada que danzó entre el parnaso de palabras enloquecidas y náyades extasiadas, mientras con su mano extendida acariciaba la luna. 

            Soñar es un gran acto de protesta emocional ante una vida con explicación lógica para todo.


lunes, 22 de febrero de 2016

La soledad de una caricia perdida




            Llegas a saber lo que es la soledad, cuando lanzas una pregunta al viento y nadie la responde, cuando tus suspiros se pierden en el horizonte sin ser recogidos por ningún abrazo o, cuando tus besos mueren marchitos con sólo salir de tus labios. 


            Es perversa la soledad cuando se amarra a tu alma como un Ulises perdido entre sirenas que, desea pese a todo escuchar su canto aún sabiendo que es su perdición.
            El corazón está preparado para romperse y recomponerse pero el alma, el suspiro de una vida inmortal, no debe traspasarla ni la más corta de las noches heladas o la caricia perdida del que antes de besarte ya parte con sus promesas a ninguna parte, buscando el calor de otro cuerpo. Como un lobo en una noche de luna llena, aparta del camino todos los recuerdos que le atan a la vida, vigilando su aliento de amante ávido que sueña con el final cuando aún te tiene delante.
            La soledad es un mantra de silencio que envuelve tu cuerpo ahogando tus emociones hasta convertirlas en cenizas. Su manto se desliza como la bruma ahogando tus abrazos cuando deseas recibirlos y, tus besos cuando te estremeces por brindarlos.
            La soledad, es el peor disfraz para el que desea vivir el carnaval de la vida junto a otra persona que complete sus anhelos bajo el mirar nacarado de un azar tornadizo, a veces brutal y, muchas veces, sin ningún sentido.
            La soledad, es como la onda de un estanque que nunca llegará a conocer orilla alguna. 


         

viernes, 5 de febrero de 2016

Amanecen mis sueños



            Despertaba y nunca conseguía recordar por qué su piel vibraba, por qué su pecho se agitaba frenético y sus manos se aferraban a la bruma. Sacudía su cabeza intentando comprender si un sueño puede ser vida, mostrándose en fotogramas oníricos donde el color cambiaba su rostro, acumulándose el sonido en su mente, golpeando como el martillo en una fragua en estallidos que le hacían convulsionarse de deseo. 


         Recorría el callejón todos los días buscando ansioso su aroma. Buscaba como un lobo hambriento en cada esquina, en cada paso, un retal de vida que pudiera devolverle al fuego donde se consumía. Sus manos recorrían sordas las curvas de su cuerpo, grabando a fuego cada uno de sus poros como en un lienzo de pasiones, dibujando cada atardecer lo que ya comenzaba a borrarse.
             Era la sucesión de su emoción la que cerraba el círculo de sus manos cuando anhelante, con el suspiro del que sabe que los instantes se consumen como las teas en una hoguera, arqueaba su espalda vibrando con el rasgar de sus suspiros.
         La encontraba siempre cuando el tiempo decidía ser suyo, cuando las musas danzan sonrientes presas del frenesí del vibrato de sus labios, recorriendo su cuerpo soñado por un Luthier, dejando entreabierto el camino al purgatorio del que conoce lo que atan los cabos del recuerdo al gritar a la noche en silencio, “te deseo”.
            Caían una y otra vez en desesperadas volutas, giraba alrededor de su cuerpo ardiendo en una tarde que se apagaba deslumbrando a las estrellas. No eran diez dedos o dos manos, eran suspiros, vientos del sur que ardientes recorrían sus dunas o las olas de sus cabellos. El chelo de su cuerpo, marcaba el ritmo de un alma que cabalgaba desbocada al destino del que sufre cuando un sueño acaba al despertar, cerrando con rabia feroz los ojos para que no se marche, para que no abandone un cuerpo que aún se debate con el corazón turbado por las centellas de unas brasas que abrasan tu alma.
           Ella volvía a ser sueño mientras él se convertía en alba, aromas, tacto, recuerdos, pasiones…..
               Su caminar lento, su espalda arañada por el cansancio de la vehemencia desatada de un huracán que arrancaba cada tarde sus ventanas, no borraba nunca sus huellas de deseo. Volvía a entrar en el laberinto de las calles donde la amalgama de sensaciones le dejaba sin aire. Donde morir o vivir no tenían importancia, donde los sonidos eran de caricias, donde las esquinas que nunca se borran eran la de sus labios y donde las curvas de su cuerpo restañaban cada cuerda de su mente que hacían de su anhelo un suspiro eterno.
              Él era sueño, y fuego, y aliento entrecortado de labios que viven de pensar en un nuevo encuentro….en aquella esquina….en cualquier momento….

                Gracias por compartir sensaciones y emociones. Comparte.
 

jueves, 4 de febrero de 2016

Con la levedad de un huracán

     Es la brisa que eriza la piel, el aliento de unos labios que aletean por cada pliegue de tu cuello como un huracán contenido entre dos manos.
      Es el sonido de un sonoro cajón flamenco que palpita en tu pecho pleno de pasión escondido entre candelas.  Es la caricia que cierra tus ojos para perderse entre las curvas ardientes de tus brazos.


Agradable locura que atiza las brasas incandescentes de la emoción esperando un suspiro.  #ismaeldoradopsicologo

lunes, 1 de febrero de 2016

Si tiemblo, que no sea de miedo....



            - ¡Necesito tiempo para pensar!, fue lo último que escuchó antes del portazo y del dolor punzante en su costado que marcaba el inicio de un silencio, de una tempestad muda que aventuraba soledad profunda y el aliento de su propia muerte.
            Siempre temió el momento de la partida, de hecho pensó tantas veces en qué decir que ahora estaba muda ante el mundo en un temblor gélido del que sabe que el mundo se paró al decir adiós.
            Nunca fue un mal hombre y siempre la amó….¡aunque su dichoso carácter!…..


            ¡Yo te amo y no voy a dejarte nunca, pero antes te mato!, exclamó en el instante estallarle aquella primera bofetada en la cara que la lanzó contra el infierno lejano del frío suelo.
            ¡No es malo señores agentes!, ¡me ama como nadie me amó en la vida!, ¡soy yo que le pongo nervioso!. La cara de tristeza de los agentes de policía era inmensa ante la irracionalidad de un amor bastardo,  donde hasta los besos tienen miedo y temor.
            ¡Buscaré ayuda!, ¡te amo tanto que no puedo resistir que te mire otro hombre o incluso que les hables!, ¡sabes que daría la vida por ti pero antes de que me dejes te mato y luego me suicido yo!........
             Ella no supo nunca por qué calló ante el estruendo de la primera vez, de los instantes en los que sintió que se ahogaba o cuando sus dedos enfurecidos agarraban su garganta hasta el penúltimo aliento donde la vida casi escapa por tus labios.
              El amor fue su peor amigo, el veneno que entró en su corazón para dejar de ser persona, la hizo vivir con desprecio cada segundo, cada suspiro y cada amanecer. Olvidó que amar no es dolor y que un hombre nunca te ama si te maltrata.
              Nadie pudo ayudarla. La mentira voló hasta cada uno de sus cabellos, llenando su mirada de lágrimas y su cuerpo de rosas moradas, que la perdieron en el laberinto de la esclavitud de las emociones cuando no son verdaderas.
            Nunca dejó de pensar en cada instante en que buscó un rincón para evitar sus patadas, en cada gota de sangre o en el pánico de un hombre que usaba sus manos para castigar y no para acariciar. Ella perdió su vida en alguna sombría esquina……..
               Y ahora toca la punzada en el costado mientras rueda por la escalera. Mira al vacío y siente la humedad viscosa de su sangre luchando a borbotones por salir de su alma. Él se arrodilla ante ella con aquel cuchillo en la mano y acierta a decir lo último que escuchará mientras ella se desvanece.
            ¡Ojalá así comprendas lo que te amo!...... 

            Ella dejó de sentir miedo, dejó de llorar y lentamente dejó de respirar……..

           Dedicado a todas las mujeres y hombres que sufren, tiemblan y mueren por algo que nunca fue amor. 
    
            Hagamos la lucha visible. Por favor, comparte. Gracias.